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¡El bebé patalea hasta ponerse rojo!

¡Mi bebé patalea hasta ponerse rojo!

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¡Mi pequeño hizo un berrinche! Se tiró al suelo en medio de la tienda. Luego, tiró sus juguetes por toda la sala cuando vine a buscarlo para comer. Y desde hace unas semanas, dice que no a todo. Antes era tan "dócil". ¿Cómo reaccionar ante sus enojos?

Viernes, Septiembre 25th, 2015

Entre berrinches y rabietas

Alrededor de los 18 meses, los niños se enfurecen rápidamente por cualquier cosa. Como aún no son capaces de dominar el lenguaje, expresan su exceso de emociones con gritos, alaridos y una serie de actitudes destinadas a provocar a sus padres y hacerles sentir incómodos. Tu pequeñín no es la excepción a la regla.

El choque de titanes

Cuando los berrinches típicos de los 18 meses inician verás cómo tu bebé se altera con la más mínima contrariedad como cuando le pides o le ordenas algo ("guarda las muñecas en el cajón", "deja de tocar el botón de la lámpara"), tu pequeñín explota. Para expresar su descontento utiliza una amplia gama de actitudes como: tirarse al suelo, gritar, patalear, etc. En resumen, ¡sus reacciones dificultan tu día a día! Te puede desconcertar lo rápido que cambió tu bebé, pero es normal que suceda en esta etapa.

¿Qué dice su comportamiento?

Estas actitudes son señales de que tu hijo está creciendo. Sus deseos empiezan manifestarse y a diferenciarse de los de sus padres. Podrás notar cómo poco a poco descubre su independencia. ¿Cómo? Manifestando sus gustos y rechazando tus condiciones. Por tanto, es lógico que en la relación empiecen pequeños roces y que diga  "no", "tú no", "yo solito".  Sencillamente está tomando el poder y tomando sus propias decisionesDe esta forma, te comunica a su manera un sentimiento nuevo para él: Yo Soy (sobreentendido: yo no soy tú). Pero como aún no domina las sutilezas del lenguaje verbal, esta afirmación de su personalidad se traduce en una relación de fuerza.

Estas oposiciones ilustran también sus primeras experiencias de la frustración. Sin embargo, aunque te cueste, debes resistir y no ceder a todas sus exigencias. La frustración que suponen los límites de lo que es posible o no estructura el desarrollo de la personalidad de tu hijo. De esta manera, evitas que sea hoy un pequeño tirano y, mañana, en un adulto ansioso y sin confianza en sí mismo.

¡Donde manda capitán, no manda marinero!

Amar es saber decir no. Eso lo que predican todos los especialistas de la primera infancia. Pero ahora constatarás lo agotador que resulta mantenerse fiel a ella cuando tu pequeño pone a prueba tus límites.

La mejor actitud es mantenerse serena, dueña de sí, a la escucha, pero a la vez firme. De esta forma, le das el espacio a tu hijo para expresar sus deseos. Debes tener paciencia y escuchar su enfado pero le indicas que eres tú quien decide, por su bien. Es un proceso agotador, pero verás cómo vale la pena.

Algunos consejos para evitar el enfrentamiento:

• Evita la relación de fuerza.  Así los conflictos no terminan con un vencedor y un vencido. Es recomendable aplicar la estrategia del "todos salimos ganando". Por ejemplo, ofrécele la posibilidad de elegir cuando sea posible: "¿vamos al parque o a dar un paseo en el carrito?"
Avísale de la continuidad de sus acciones: "Está bien, puedes ver el final del capítulo pero luego duermes la siesta". De esta manera, le ofrecerás un marco con límites, que también dispone de un (pequeño) margen de maniobra. Al sentirse comprendido y respetado en su integridad, tu hijo crecerá de forma serena.

El espasmo del sollozo

En ocasiones, la emoción provocada por su enfado o su frustración hace que los niños se quedan sin respiración. En casos extremos, el niño puede perder el conocimiento durante algunos instantes. Aunque asuste bastante, estas crisis no tienen ninguna consecuencia fisiológica para el niño. ¡Es bueno saberlo!
 

Ten cuidado con "doblegarlo" o hacerlo obedecer por la fuerza. Estas son dos reacciones extremas afectan su autoestima. Su función como padres no consiste en "amaestrar" a toda costa. Es cierto que los papás se apropian del poder, esta autoridad debe velar por desarrollo armonioso de su hijo, es decir, la construcción de su personalidad. Se trata de encontrar el balance entre amor, estimulación ,frustración, sanción.

¿Qué hago cuando hace berrinche?

Hay un secreto cuando el enfado va en aumento: Distraelo. Háblale de otra cosa, por ejemplo, que la abuela va a venir a jugar contigo él o proponle una alternativa ("ya tienes tres muñecas; en vez de comprar otra, mejor te regalo unos jueguito de cocina para darles de comer").
 

Cuando el berrinche explota: espera unos minutos a que se le pase. Una solución eficaz: deja que tu hijo se desahogue solo en su habitación. Una crisis se nutre de las reacciones del auditorio. Al no tener espectadores es como echar agua al fuego. Luego de un rato, pues buscarle y preguntarle si se le ha pasado el enfado y proponle jugar a algo. Es importante también aprender a entender esos enfados ("estás en tu derecho, comprendo que no estés contento"), sin por ello dejar manipularse ("soy yo quien decide y voy a explicarte por qué haremos esto"). Encontrar el balance es todo un arte...

La famosa "Nalgadita": ¿una buena o una mala? Hay que reconocer que, tras haberlo intentado todo para calmar su crisis, una nalgadita puede ser algo tentador. Pero este reflejo no es el más adecuado. Aunque tu hijo te obedecerá, a largo plazo la sumisión a una reacción violenta puede alterar la autoimagen del niño. Puede que él también se sienta tentado a pegar cuando a su vez deba resolver un conflicto en la escuela o con sus hermanos y hermanas. Por esta razón, la mejor respuesta a sus enfados es sin duda el diálogo.

Un punto vital: debes dominar la situación tras el enfado. Afírmale como le sigues queriendo igual, aunque a veces se ponga un poco caprichoso.

Matilde, 32 años. mamá de Adrián, 20 meses:
"Adrián tiene 20 meses. ¡le encanta el chocolate! En la caja del supermercado se empeñó en un chocolate. Como eran las 8:00 pm e íbamos a cenar al llegar, me negué a comprársela. Hizo un berrinche colosal: primero se tiró al suelo gritando, después, cuando lo levanté, intentó pegarme. Todo el mundo nos miraba, yo estaba verdaderamente avergonzada. Y claro, no me atrevía a reñirlo como lo hago en casa. Esperé entonces a estar en el coche para explicarle que su comportamiento había sido inadmisible".

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