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El instinto maternal

El instinto maternal

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Muchas nos hemos preguntado: ¿Existe o no? ¿Qué es en el fondo el instinto maternal? ¿Qué siente una madre cuando toma conciencia de su hijo? ¿Y el bebé? Porque hay que saber que el recién nacido no juega en absoluto un rol pasivo en esta bonita historia

Viernes, Septiembre 11th, 2015

Teorías sobre el sentimiento maternal

Algunos afirman que es un instinto inevitable, un sacrificio que comparten todas las hembras del reino animal; otros dicen que es una creación cultural que no tendría nada que ver con la naturaleza. Cualquiera que sea la postura, usualmente se aborda el tema como si el bebé fuera un sujeto pasivo. ¡Y eso está muy alejado a la realidad! Desde sus primeros días, e incluso un poco antes, nuestro bebé practica una auténtica estrategia de seducción que funciona muy bien no solo con su mamita sino también con la mayoría de los adultos que lo rodean…

 

En los ratones el "gen del amor materno" lo activan los ratoncitos

¿Qué nos enseñan nuestros amigos los roedores? Pues bastante, en realidad las hembras que son modificadas genéticamente, no les interesan para nada sus pequeños, a pesar de que normalmente son madres muy dedicadas. ¿Qué pasó entonces? Se les privó del gen fosB, que participa en la producción de hormonas que estimulan la reacción materna. Hummm... ¿Entonces eso quiere decir que el instinto maternal es genético? No, es un poco más complejo. Lo que activa ese gen en la mamá es el olor de su ratoncito recién nacido.

Eso significa que el instinto maternal existe... siempre y cuando los bebés hagan su aportación: para que los alimenten y los mimen, los animalitos deben llamar primero la atención de su madre de un modo u otro.

 

Todo lo pequeñito es bonito…

Los sociobiólogos y primatólogos hablan de la "atracción magnética de los bebés". Los bebés se consideran irresistibles en todo el mundo. Somos sensibles a la neotenia, es decir, a aquellos los signos que nos indican la extrema juventud y la vulnerabilidad de un pequeño. Nos llama la atención su gran cabeza redonda, pequeño tamaño, ojos grandes de sorpresa…

Esta atracción también aplica para los demás cachorros del reino animal: ¿nadie se puede resistir a ADORABLE un gatito, un perrito, un osito, un corderito o incluso un cachorro de león? En algunas manadas de monos, los pequeños nacen con un pelaje negro, blanco o rojo que los distingue claramente de los adultos y los muestra ante todo el grupo como bebés. Fascinadas, las hembras se pelean por tomarlos en brazos, si es que la madre lo quiere compartir.

 

Primer encanto: ser un bebé regordete

Cuando una mamá y su bebé toman conciencia el uno del otro, suceden muchas cosas en pocos segundos. Al mirarlo no puede dejar de pensar que es lo más hermoso que ha visto en su vida. Es incluso obvio, por ejemplo, si se compara con el pequeñín colorado y arrugado que llora en la cuna de su compañera de habitación.

Primero pesaba… Y luego lo vimos ponerse cada vez más gordito. La importancia que se le da al peso de un recién nacido si lo pensamos bien, es bastante curioso. Después de todo es un gran anuncio seguido del nombre y el sexo. No vemos la hora de que nuestro bebé engorde. ¿Sabías que los recién nacidos humanos tienen el doble de grasa que los bebés mono, que nacen muy flaquitos?

¿Para qué sirve toda esa grasa que nuestros bebés fabrican al final del embarazo? Hay dos hipótesis. La primera afirma que es necesaria para alimentar su enorme cerebro, que crecerá de forma impresionante durante sus primeros meses de vida.

Y la segunda, para tener ese aspecto regordete que su mamá adora. En la prehistoria, e incluso un poco después, la selección de los bebés que se consideraban muy menudos, y con menos posibilidades de sobrevivir era despiadada... Eso explicaría nuestra una preferencia muy marcada por los bebés gorditos. Esa preferencia que la naturaleza ha explotado favoreciendo la grasa subcutánea de las últimas semanas de embarazo.

 

El instinto maternal o el inicio de un diálogo

Los bebés están genéticamente "programado" para atraernos y asegurarse nuestros mimos. Desde que nacen reciben y emiten señales. Su increíble cerebro le permite imitar los gestos de sus padres e interactuar con ellos desde muy temprano. El bebé recién nacido siente atracción espontánea por las curvas y movimientos del rostro humano.

Los bebés reconocen el olor y la voz de su madre, que descubrieron desde el útero. En cuanto a las mamás, muy pronto son capaces de reconocer el olor de su bebé y, en dos, distinguirá su llanto entre el de los demás recién nacidos.

El famoso "instinto maternal", si existe, y es una interactividad única y compleja entre una madre y un recién nacido, un diálogo sensible que los ambos interpretan de forma espontánea e inconsciente para adaptarse el uno al otro de la mejor manera posible.

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