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¡A bañarse!

¡A bañarse!

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A los bebés les fascina el agua. En la actualidad se suele bañar a los bebés desde que nacen. ¿Pero somos conscientes de que esto es un ritual de la cultura occidental?

Jueves, Septiembre 24th, 2015

Un pequeño rey no muy limpio...

Conocemos los detalles de la infancia del rey Luis XIII de Francia gracias al diario escrito por su médico, un documento de gran interés histórico que revela aspectos de la pediatría del siglo XVII. En ese periodo la gente recelaba del agua, por lo que la higiene del niño rey era deficiente según nuestros criterios actuales. Considéralo por ti misma: a los 2 meses de edad "limpiaron” al rey por primera vez frotándole la frente y el rostro con mantequilla fresca y aceite de almendras; a los 10 meses lo peinaron; a los 5 años le lavaron las piernas con agua tibia; hasta a los 7 años el pequeño Luis recibió su primer baño junto con su hermana. Inaudito, ¿verdad? Aunque sea difícil imaginarlo hoy en día, antiguamente se pensaba que la suciedad desempeñaba un rol protector y que el agua ponía en riesgo la salud frágil de los recién nacidos.

Así pues, los bebés conservaban durante meses sobre su cráneo una capa de suciedad a la que llamaban "el gorro" y cuya función era proteger la mollera del exterior. En el Tíbet, una capa de hollín y mantequilla cumplía la misma función, lo que significa que muchas sociedades comparten la preocupación por cubrir esa zona percibida como muy expuesta y por donde la vida del bebé podría escaparse.

En la antigüedad, tampoco se les cortaba las uñas a los bebés, se dejaban que se rompieran naturalmente.  Al igual que la suciedad, las uñas y el cabello (e incluso los excrementos y la orina) eran considerados extensiones del cuerpo del niño; por lo que deshacerse de ellos requería ciertas precauciones ya que se creía que fuerzas nefastas podían hechizar al bebé. Incluso, algunos pueblos no tocan el cabello del bebé, que simboliza su fuerza vital. En Mongolia no se peina, lava ni corta el cabello de las niñas hasta los 2 ó 4 años, y de los niños hasta que llegan a los 3 ó 5 años. Es fascinante cómo ha cambiado la higiene a lo largo de la historia.

El agua y sus virtudes

En Occidente, los médicos del siglo XVIII iniciaron a rechazar lo que consideraban viejas supersticiones. Así establecen los primeros principios de la higiene. Recomiendan lavar bien a los pequeños con el fin de fortalecer su cuerpo y darles una salud vigorosa.

Con el tiempo las virtudes del agua se fueron difundiendo y en el siglo XIX, bañar al bebé se convirtió en un ritual de las clases burguesas y, luego, de toda la sociedad. Las obras sobre pediatría le siguen dedican estudios sobre: temperatura de la habitación y del agua, tipos de bañeras y utensilios, duración de la inmersión, manera de sujetar al bebé, secado, cuidado de los diferentes orificios, etc.

El baño del recién nacido está muy codificado y a lo largo de cien años, sus reglas han variado poco en realidad. Sin embargo, la retracción del prepucio es objeto de vivos debates entre sus partidarios y sus detractores. (Si tienes un niño y has intentado inocentemente comentar el tema para hacerte una idea al respecto, es probable que hayas comprobado las pasiones que desata el tema).

Pero en lo que todos los padres concuerdan es en la dimensión festiva y afectiva del baño. Metes a tu pequeñín en un agua a la temperatura adecuada y es increíble cómo se ríe y te contagia la risa; o cómo llora, se agarra desesperadamente a los bordes de la bañera cuando intentas sacarlo del agua. Algunas veces por semana, si tienes la ocasión, métete en el agua con él y disfruta de ese momento mágico de relajación.

Baños con hierbas aromáticas

En numerosas culturas, el baño diario del bebé es una práctica ancestral. Las madres africanas e indias tienen por costumbre sentarse al lado de una tina de donde sacan el agua y colocar a los pequeños sobre sus piernas para bañarlos. Enjabonan a los bebés, los rocían de agua y, a menudo, los purgan por todos sus orificios (la madre insufla agua dentro). La diferencia notable con respecto a nuestras culturas consiste en que al bebé se le permite beber el agua del baño. De hecho, este aspecto incluso forma parte del ritual ya que muy a menudo el baño es también una infusión de plantas con virtudes medicinales.

En Sudamérica, África, Indonesia y Oceanía existen madres que escupen sobre el bebé una mezcla de agua y hierbas maceradas en su boca, de tal forma que la protección proviene de las plantas y del cuerpo materno. Después del baño, se suelen realizar numerosos masajes fortalecedores con aceites aromáticos que protegen tanto de la sequedad de piel.

Como puedes observar, cada cultura posee sus códigos y su manera ritual de cuidar el frágil cuerpo del niño bebé. Todo varía en función del entorno en el que vive y de las creencias de su comunidad. Nuestra manera de proceder no es más que una entre muchas y también se inspira en toda clase de creencias, sería un error pensar que se trata de una ciencia exacta.

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